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Auschwitz: a siete décadas

En 1945, tropas soviéticas le dieron a conocer al mundo el mayor campo de exterminio nazi. o de exterminio nazi.

Por: LUIS ALEJANDRO AMAYA E. | 6:14 a.m. | 25 de enero de 2015

El 27 de enero de 1945, hace 70 años, cuando ya los aliados habían inclinado decisivamente la balanza a su favor en contra del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial, soldados soviéticos encontraron a 43 kilómetros de Cracovia a miles de personas, la gran mayoría judíos, abandonadas a su suerte, y otros tantos miles de cadáveres en fosas comunes a la intemperie. En su avance por Europa oriental, el Ejército Rojo se topó con el mayor campo de exterminio nazi: Auschwitz.

Aún faltaban meses para acabar la guerra en Europa, pero este descubrimiento comenzó a resolver las dudas que muchos tenían acerca del destino de grandes masas de judíos, eslavos, gitanos, homosexuales y hasta Testigos de Jehová que desaparecían de muchas regiones del este europeo y luego iban a parar en lugares como Auschwitz, que, si bien era el más grande, no fue el único. (Artículo relacionado: La 'caleña' que sobrevivió al horror del Holocausto en Auschwitz)

Complejo de muerte

Construido en 1940 como una ciudadela de la muerte ya sea por gas, ejecuciones, inanición o perversos experimentos científicos conducidos por Joseph Mengele, el complejo, que aún está en pie y es uno de los mayores atractivos turísticos de Polonia, se extiende por 40 kilómetros cuadrados, y en él murieron 1,1 millones de personas de las 1,3 millones que fueron enviadas allí. (Lea también: 'Al final siento que ganamos')

Este campo, integrado en la estrategia ‘Solución Final’, ideada por Adolf Eichmann y aprobado por Hitler, fue parte de una red de 39, que también integraban lugares tan temibles como Treblinka, en el noroeste de Polonia; Belzec, en Prusia Oriental; Sobibor, en tierras polacas, y Dachau, en la región alemana de Baviera. Entre 1933, año de ascenso del nazismo en Alemania, y 1945, el del fin de la guerra, murieron en estos lugares más de seis millones de judíos de varias nacionalidades, especialmente polacos, y otros cientos de miles que no encajaban dentro de los estándares nazis.

Engaño, gas y fuego

Pero, muy de lejos, Auschwitz, con todas sus construcciones anexas, como la de Birkenau, fue el campo más mortífero de todos.El método de aniquilación más usado por los nazis en Auschwitz fue una combinación entre la asfixia por gas y la posterior cremación.

El ritual macabro consistía en engañar a los prisioneros, haciéndoles creer que tomarían un baño, y para eso se les entregaban jabones a la entrada de grandes salones que simulaban ser para higiene personal. No obstante, lo que salía de las duchas era gas Zyklon B, que mataba en segundos a cientos de personas, en una rutina diaria tras la cual los cuerpos eran llevados a los cinco crematorios del campo. Según datos recogidos de diversas fuentes históricas, cuando los hornos crematorios funcionaban a plena capacidad, podían reducir a cenizas más de 80.000 cuerpos al mes.

Trenes de la muerte

Tras operaciones como la Blitzkrieg (Guerra Relámpago) en la que tomaron países enteros en cuestión de días, los nazis capturaban a miembros de ejércitos enemigos y población civil, que enviaban en trenes a campos de concentración. La operación de Auschwitz se aceitaba con la efectividad de la red ferroviaria militar alemana, de cuyo manejo se encargaba la empresa estatal Reichsbahn.

Trenes de todas partes de Europa, con capacidades cercanas a los 300 prisioneros, llegaban diariamente a las puertas de Auschwitz, en las que aún se lee el lema “El trabajo los hará libres”. En los últimos meses de frenesí asesino, los prisioneros que bajaban de los vagones eran inmediatamente conducidos hacia las cámaras de gas. Auschwitz dejó de funcionar apenas unas horas antes de que fuera hallado accidentalmente por los soviéticos, cuando aún el olor a muerte se sentía en el aire.


Las Noticias Internacionales

Fuente Informativa: Iton Gadol News Acontecer Cristiano.Net Editorial Aurora

 

Dos soldados israelíes muertos en el ataque de Hezbollah

Dos soldados israelíes muertos en el ataque de HezbollahDos soldados del Ejército de Defensa de Israel (Tzahal) fueron asesinados y al menos otros cinco resultaron heridos en la frontera con el Líbano, cuando misiles antitanque disparados por operativos del grupo terrorista islámico chií Hezbollah alcanzaron un convoy militar. Hezbollah se adjudicó la responsabilidad del ataque y dijo que fue una represalia por el ataque aéreo israelí, el territorio sirio, en el que murieron diez militares - del grupo extremista chií y oficiales iraníes, entre ellos un general del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán -.

El primer ministro, Biniamín Netanyahu prometió que responderá al ataque "con fuerza". Un militar español, integrante del FINUL (Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano) murió a raíz de la respuesta del Ejército de Defensa de Israel en el sur del Líbano. El militar muerto fue identificado como cabo Francisco Javier Soria Toledo, de 36 años.

 

Hezbollah a Israel: No queremos una escalada bélica en la zona

Hezbollah a Israel: No queremos una escalada bélica en la zona

La organización terrorista libanesa chií Hezbollah le envió a Israel a un mensaje, transmitido a través de la fuerza de las Naciones Unidas desplegada en el sur del Líbano, comunicándole que no tiene interés en escalar las tensiones en la frontera libanesa-israelí.

De acuerdo con el mensaje, transferido a los oficiales israelíes a través del general Luciano Portolano, comandante de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), el ataque de Hezbollah contra un convoy del ejército israelí fue una respuesta “ojo por ojo” por el ataque en el Golán sirio, en el que murieron altos comandantes de Hezbollah y un general iraní.

En el ataque último de Hezbollah, en el Monte Dov (también llamado Granjas Sheba), dos combatientes del Ejército de Defensa de Israel fueron asesinados y otros siete resultaron heridos.“FINUL nos envió el mensaje indicando que en lo que concierne [a Hezbollah] el incidente ha terminado”, confirmó el ministro de Defensa, MoshéYaalón a la radio la Voz de Israel (Kol Israel).

 

Netanyahu: Vivimos en una era de antisemitismo violento

Netanyahu: Vivimos en una era de antisemitismo violentoEl primer ministro, Biniamín Netanyahu, aseguró que "vivimos en una era de antisemitismo emergente y violento" y reiteró que el acuerdo que las potencias internacionales negocian con Irán "es peligroso para Israel". "Preservar la memoria del Holocausto hoy es más importante que nunca. Vivimos en una era de antisemitismo emergente y violento", declaró el jefe del Ejecutivo en un acto celebrado en el Museo del Holocausto de Jerusalén (YadVashem) con motivo del Día Internacional del Holocausto.

Netanyahu aseguró que su "función como primer ministro es que no haya otra amenaza de destrucción sobre Israel...Que no haya necesidad de crear otros monumentos conmemorativos como YadVashem". El primer ministro reiteró su posición respecto a la negociacióndel denominado Grupo 5+1 con Teherán y señaló que "el acuerdo negociado con Irán es peligroso para Israel y deja en sus manos capacidades para construir un arma nuclear. No podremos vivir con un acuerdo así".

 

El Ejército de Israel despide a reservistas “objetores de conciencia” de Inteligencia

El Ejército de Israel despide a reservistas “objetores de conciencia” de InteligenciaLa famosa Unidad 8200 de inteligencia electrónica del Ejército de Defensa de Israel (Tzáhal) despidió a varios de los 43 soldados reservistas que desataron una tormenta mediática en septiembre pasado cuando anunciaron, en una carta enviada a los medios de comunicación, su rechazo a espiar a palestinos de Cisjordania (Judea y Samaria).

El Directorio de la Inteligencia Militar decidió dar por concluido el servicio de reserva de los “refuseniks”, u objetores de conciencia, trasuna serie de discusiones internas sobre el asunto. Los soldados en cuestión recibieron una misiva donde se les informa que, en el futuro, ya no serán convocados a cumplir con sus obligaciones en el servicio de la reserva.

 

"No voy a usar el arma", dijo Nisman a su colaborador

"No voy a usar el arma", dijo Nisman a su colaborador El informático que le prestó la pistola que acabó con su vida a Alberto Nisman, el fiscal que denunció a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, por encubrimiento de terroristas, dijo que le aseguró que no pensaba usar el arma.

"No te preocupes porque no la voy a usar (el arma)", le dijo Nisman, según la versión de Lagomarsino, un estrecho colaborador del fiscal y el único imputado en la causa por su muerte, calificada de "dudosa" por la justicia.

Nisman, que investigaba un atentado contra la organización judía AMIA en Buenos Aires, en el que fueron asesinadas a 85 personas, murió en su domicilio de un tiro en la cabeza el pasado día 18, la víspera de comparecer ante el Congreso para ampliar detalles de la denuncia que había presentado cuatro días antes contra la presidenta por encubrimiento de los iraníes señalados como presuntos autores.

 

Portugal prepara ley para dar la nacionalidad a los sefardíes

Portugal prepara ley para dar la nacionalidad a los sefardíes

El Gobierno portugués prepara un decreto-ley que modifica la normativa actual para conceder la nacionalidad a los descendientes de los judíos sefardíes que fueron expulsados del país hace cinco siglos.

Según informó un portavoz de la Comunidad Israelita de Oporto (CIP por sus siglas en portugués), el documento ya está listo y será previsiblemente aprobado por el Ejecutivo portugués en Consejo de Ministros.

La modificación de la Ley de Nacionalidad portuguesa ya recibió el visto bueno del Parlamento en abril de 2013 y en los últimos meses el Gobierno ha estado trabajando en la definición de criterios para que los descendientes de los expulsados puedan acogerse a un proceso de naturalización automática.

 

Discurso del Presidente de Israel Reuven Ruvi Rivlin - ante Naciones Unidas

Discurso del Presidente de Israel Reuven Ruvi Rivlin - ante Naciones Unidas

“Ninguna atrocidad en la historia de la raza humana se puede comparar con la crueldad, el alcance y la magnitud del Holocausto del pueblo judío. Sin embargo, la masacre de pueblos y comunidades no nació en la Alemania nazi y no cesó cuando se abrieron las puertas de Auschwitz-Birkenau, Majdanek y Buchenwald.

“Ahora, en nuestra generación, cuando la víbora fundamentalista levanta su horrible cabeza, debemos recordar que el mal no es propiedad de ninguna religión específica, al igual que no es atributo de un país o grupo étnico en particular,” añadió.

“Es un mal, pero es natural tratar de diferenciar y discriminar entre una vida y otra, entre un ser humano y otro, mientras que la única diferencia real está entre el bien y el mal, entre la humanidad y la oscuridad. Precisamente por esa razón, aquellos que consideran al islam, al judaísmo o al cristianismo como enemigos del mundo están equivocados y engañan a otros”.

El presidente señaló que la ONU fue fundada sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, y que la promesa de “Nunca Jamás” es “la esencia misma de la Organización de las Naciones Unidas, es su misión, la razón principal de su existencia.”

Rivlin apuntó que “el Holocausto de los judíos no fue el último capítulo en el esquema brutal del hombre contra su prójimo. Todos y cada uno de ellos fueron víctimas del genocidio, incluso sin llevar una estrella amarilla.”

“Como judío, como sionista, como israelí, como ser humano, mi corazón llora junto con esas personas anónimas aunque mis manos estén atadas,” dijo Rivlin en referencia a la severa situación en Bosnia, Siria, Sudán y Nigeria.

“En este día debemos preguntarnos honestamente, si nuestra lucha, la lucha de esta asamblea, contra el genocidio, es suficientemente efectiva… me temo que la ‘Convención para la Prevención y la Sanción del Delito del Genocidio de las Naciones Unidas, que entró en vigor hace sesenta y cuatro años es un documento meramente simbólico. No logró cumplir con su compromiso y materializar el objetivo en el que se sustenta el establecimiento de la Organización de las Naciones Unidas.”

Rivlin recordó a la audiencia que “al igual que cualquier institución política, la Asamblea de las Naciones Unidas está motivada por distintas consideraciones e intereses. Incluso si coincidimos con respecto a líneas rojas claras, no es suficiente. Debemos estar de acuerdo que en la lucha contra el genocidio – las consideraciones morales y humanitarias deben prevalecer sobre los intereses económicos, políticos y otros.

 


Las Buenas Noticias de La Semana

"Bendito sea el Señor, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra; misericordia mía y mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que sujeta a mi pueblo debajo de mí." Salmo 144:1-2

"Porque yo el Señor, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es el Señor de los ejércitos. Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú." Salmo 51:15-16

  


El Valle de Los Huesos Secos

El Valle de Los Huesos Secos está Reviviendo

Esta es la Historia de la Restauración del Pueblo judío y el Estado de Israel:

 

Raquel Gedallovich, quien vive en Cali desde hace más de medio siglo, narra su experiencia.

La 'caleña' que sobrevivió al horror del Holocausto en Auschwitz

Raquel Gedallovich, quien vive en Cali desde hace más de medio siglo, narra su experiencia.

‘Mañana’. Esa palabra le ha punzado el corazón y la memoria a Raquel Gedallovich durante los últimos 70 años, de los cuales ha vivido más de 60 en Colombia.

“¿Cuándo la vuelvo a ver?”, le preguntó su madre, Débora Schlomovich, a un miembro de la SS, la fuerza más temida al servicio de Adolfo Hitler. Era una mañana de abril de 1944.

“Mañana”, le contestó el soldado a la señora, que seguía aferrada a tres niños pequeños y a su esposo, Bernardo Moskovich, un campesino que sembraba frutas, mientras veía cómo los nazis se llevaban a Raquel.

La familia acababa de poner los pies en el campo de concentración de Auschwitz, a unos 40 kilómetros de Cracovia (Polonia). Raquel nunca olvidó el ruido que producía el traqueteo del vagón sin ventanas en el que viajaron tres días seguidos; tampoco, el asfixiante olor que salía de la cubeta dispuesta para las deposiciones, que se volcaba con frecuencia por el movimiento del tren. En ese ambiente nauseabundo, cientos de hombres y mujeres apretujados temblaban por su suerte, sin poder sentarse siquiera.

Ella era alta y parecía fuerte. Por eso, cree Raquel, la SS la separó de sus progenitores y de sus tres hermanos, de 7, 9 y 11 años. Sus tíos, abuelos y algunos primos también fueron llevados a ese campo de concentración en el mismo tren, al que llamaban ‘el último de la vida’.

“Yo tenía 13 años cuando llegamos a Auschwitz, pero parecía de 15. Quizás los alemanes pensaron que sería útil”, dice ahora la mujer de 83 años, en la sala de su apartamento al norte de Cali.

Años antes de llegar a ese campo de exterminio, su vida era como la de cualquier niño: pasaba el tiempo jugando con sus hermanos menores, en una casa de un solo piso, en una vereda de los montes Cárpatos, en lo que hoy es Ucrania. “El nombre es tan enredado que ya no sé cómo escribirlo”, se excusa la octogenaria, a quien la madurez le llegó de un solo tajo cuando los alemanes se esparcieron por la región y su familia tuvo que abandonar el hogar para ocultarse en el refugio que un tío construyó en su finca. “Era una especie de búnker. Había un árbol grande en la entrada y se bajaba a un sótano”, describe con la voz gruesa que la caracteriza.

‘Habría hecho lo mismo’

"A pesar de todo lo que me ha pasado, me siento afortunada", escribió Raquel hace diez años en el libro 'Silencios', de la artista caleña Érika Diettes, al que pertenece esta imagen.

Pero el miedo era tan grande que el administrador de la hacienda los entregó, a comienzos de 1944. “El que ocultara judíos sería fusilado, alertaron. Lo entiendo, yo habría hecho lo mismo –admite–. Todos les temían a los nazis. Nos llevaron a un gueto en Checoslovaquia, donde permanecimos encerrados durante días, sin poder ver la calle porque las ventanas estaban pintadas. Nadie sabía qué iba a pasar con nosotros. Vivíamos asustados”.

Luego vino el tren, el mismo que se detuvo cerca de Cracovia, como para que Raquel y los suyos vieran cómo se elevaba una espesa columna de humo a lo lejos. Era el rastro de los hornos crematorios de Auschwitz, un campo de exterminio con cámaras de gas que simulaban ser duchas.

Una de las primeras cosas que vio al llegar a esa fábrica de cadáveres fue un letrero en el que se leía Arbeitmachtfrei (El trabajo los hará libres). “Eso decían los alemanes”. Raquel se ríe, a pesar de sentir de nuevo ese dolor que le hunde el pecho al hablar de su pasado. Nunca ha dejado de reír, ni siquiera por su reciente hospitalización, ni después de la pérdida de José, el menor de sus tres hijos, que sufrió un infarto y falleció en noviembre.

Tras un breve silencio, vuelve a recordar a ese soldado que no se conmovió ni un ápice por la separación de su familia: “Las últimas palabras que le escuché a mi mamá fueron esas: ‘¿Cuándo la vuelvo a ver?’. Se quedó con la sensación de que sería mañana, pero no fue así. Ese día que llegamos se los llevaron a los crematorios. Pero ni yo ni los demás niños entendíamos que los nazis matarían a nuestras familias. Lo entendí años después... Luego de que nos bajamos del tren caminé por una calle larga, con 32 bloques a lado y lado, que se distinguían con letras. Yo estaba en el C. Creo que había miles de judíos. Nos dieron una sola muda de ropa, pero después vino la de rayas; es por eso que no me gustan las rayas. Luego nos raparon la cabeza”.

“Había dos bloques para las niñas: el 8 y el 12. A mí me pusieron con las del bloque 8. Y había un patio a donde nos llevaban para cantar canciones en honor a Hitler”, se lamenta.

Raquel abre mucho más sus ojos oscuros, que contrastan con su cabello blanco, y agrega: “Cuando iban personas a visitar el lugar, la gente de la SS nos ordenaba que dijéramos que estábamos bien cada vez que nos preguntaran. Más adelante supe que eran de la Cruz Roja”.

Entonces se toma el antebrazo y explica: “A muchos los marcaron con cinco números en el brazo derecho, pero a mí no, porque no me pusieron en una fábrica”.

Se estremece cuando piensa en las compañeras con las que compartía las literas de tablas, sin colchones ni sábanas. Si una se movía hacia un lado, las demás también tenían que hacerlo, por la falta de espacio. “A algunas se les quitó la menstruación. Pienso que les ponían algo en la comida”, especula.

Las embarazadas tenían pocas probabilidades de sobrevivir y los recién nacidos eran asesinados, algunos a golpes y otros, ahogados. “Yo tenía una prima. Ella llegó con un bebé en brazos y se lo quitaron. Nunca lo volvió a ver”, cuenta. Las enfermedades no faltaban y a quienes las adquirían se les recetaba la muerte: “El que estaba enfermo era llevado a los crematorios, pero yo no sabía que estaban en ese sitio de donde salía el humo. Lo supe mucho después. Yo, por fortuna, no tuve ninguna enfermedad. He sido muy sana”.

“No nos daban toallas y al jabón lo llamaban ‘Sangre judía’. Cuando veía el humo a lo lejos, la joven que nos cuidaba decía: ‘Allá están quemando a nuestros hermanos’. También había una muchacha, de 16 años, que nos vigilaba para ir al baño; íbamos cuando ellos decían que fuéramos y teníamos que sentarnos sobre un polvo de cloro. De no hacerlo, nos exponíamos a que nos dieran latigazos”, relata Raquel.

Por lo general, en estos campos se vivía con hambre: “Pasaban con una olla por cada litera. La ponían frente a nosotras y todas tomábamos de allí, pero sin cubiertos. Las primeras se quemaban, porque era muy caliente, y las que quedaban de últimas casi que vomitaban la comida por lo fría que estaba. La papa estaba sin pelar, al igual que la remolacha, y nos daban un pan incomible que sabía a aserrín; era una comida para cerdos. Nos sentíamos como ganado”.

Así transcurrieron seis meses en Auschwitz, pero para ella, lejos de sus parientes, fue toda una vida. Todo el tiempo se preguntaba cómo estarían.

Pasó por tres campos

Después de esa temporada en el infierno fue trasladada a otro campo de concentración, en Núremberg (Alemania), donde estuvo poco tiempo. Luego fue llevada al de Holleischen, en Checoslovaquia, donde la comunidad judía era utilizada en fábricas de armamento. “Siempre mantuve la esperanza de que mi familia estuviera viva –subraya la sobreviviente–. Nos liberaron el 5 de mayo de 1945. Fueron los americanos (estadounidenses). Después de la guerra me enteré de que mis padres, mis hermanos, mis abuelos, mis tíos y algunos primos estaban muertos”.

Raquel anduvo errante durante meses, hasta que contactó a una agremiación judía que la ayudó a llegar a Budapest, la capital de Hungría.

Posteriormente pasó al recién creado Estado de Israel, donde hizo un bachillerato acelerado. “Era cerca de Tel Aviv –recuerda–. Allí estuve un tiempo, hasta que llegó mi primo Moisés Gedallovich, que logró salir de Europa antes de que empezara la guerra (1939). Se marchó a Colombia porque en Bogotá vivía un cuñado. Pudo llegar con papeles de un tío, pues se parecían mucho. Cuando ya tenía unos 20 años nos vimos en Israel, a donde había llegado para buscar novia (risas)”.

Los primos se enamoraron y un rabino los casó. En 1952, decidieron viajar a Colombia. Hasta 1961 vivieron en Bogotá, donde su esposo tuvo una joyería.

Debido a los problemas de salud de Moisés, amigos les aconsejaron dejar la altura de la capital e irse al Valle. En Cali montaron un almacén de calzado y terminaron de criar a sus tres hijos. “Mi hija vive en Israel y el otro hijo que me queda, en Bogotá”, anota.

También tuvo seis nietos y 13 bisnietos, cuyas fotografías exhibe orgullosa en su apartamento, que comparte con una empleada que la cuida.

“Me casé con un hombre maravilloso que ya murió. Tuve un matrimonio feliz”, afirma en medio del dolor que le producen los recuerdos de la Segunda Guerra y que se mezclan con el luto por su hijo. “Pero a pesar de eso, río. Es un defecto de fábrica”, sentencia antes de soltar una carcajada.

Raquel piensa que es importante, tanto para ella como para los demás sobrevivientes del Holocausto, que el mundo nunca olvide la ignominia a la que fueron sometidos. “Soy muy creyente –confiesa–. Dios y la juventud me permitieron seguir adelante, pero ya casi no me gusta hablar de mis recuerdos”. Como ese que sigue clavado en su corazón, aquella frase que le escuchó al soldado nazi sobre un ‘mañana’ que nunca llegó.

CAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Cali.

 

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